Todos los países aspiran a mejorar en todo lo posible los estándares para sus habitantes, procurando crear condiciones para que haya crecimiento, que es el que aporta los recursos y con ellos, la gente pueda mejorar sus vidas, educarse, buscar la felicidad y convivir en paz y amistad.
 
Conseguir todo eso es difícil, basta solo mirar cómo van evolucionando otros países que han tenido puntos de partida similares. Se requiere mucho trabajo, desarrollar estrategias, mucha perseverancia y sobre todo lograr que los centros productivos tengan éxito, logren formar sus capitales de trabajo y logren participar en los mercados.
 
El crecimiento es la clave en el mejoramiento de cualquier país y el ideal es que este se funde en la sana competencia, que las personas, y las empresas detrás de ellas, respeten las reglas del juego, que el estado sea un regulador activo que pueda garantizar las reglas de competencia y cumpla con cabalidad lo que conocemos como rol subsidiario, intervenir cuando las iniciativas de privados no logran resolver problemas importantes.
 
Así se resume la economía social de mercado, a la cual han virado todas las economías que están logrando mejorar realmente las condiciones para sus ciudadanos. El mejor ejemplo actual es China Popular.
 
Mientras los países que progresan se esfuerzan en aplicar estos simples principios, otros imponen doctrinas estatistas o proteccionistas, que como se ha visto, sin excepción alguna, empobrecen a los pueblos.
 
La pregunta es, ¿por qué hay grupos de fanáticos que pretenden imponer a toda costa los modelos económicos que no funcionan para reducir la pobreza, conseguir justicia social ni desarrollo?.
 
La respuesta es simple, porque estos no son los verdaderos objetivos, solamente se explotan las desigualdades y cualquier otra causa de tensión social para lograr el poder y desde ahí hacer lo que vimos en rusia antes de la glasnost, en cuba, nicaragua y venezuela hasta el día de hoy, por nombrar los más cercanos.
 
Lograr el control total de un país, aniquilando todos sus mecanismos de equilibro que son los que crean condiciones de paz y crecimiento.
 
Una de las vías ya probada en Venezuela y Nicaragua para hacerse del poder es llevar el país a una situación de extrema tensión interna y desde ahí instalar una nueva constitución, ya preparada, que cuenta con todos los pasos para destruir los mecanismos de equilibrio y dotar de poderes practicamente absolutos para quienes logran el control.
 
Una parte clave en el engaño masivo, consiste en mentir con respecto a la economía de mercado, aduciendo que por estimular la competencia, crea desigualdades en la distribución de riqueza, mayor hacia quienes producen y menor hacia quienes vieven a expensas del estado, de terceros o de los contribuyentes.
 
El populista de extrema izquierda le vende la ilusión de la igualdad y del reparto por expropiación.
 
La igualdad es una ilusión, el ser humano por definición es un ser único dotado de autonomía en mayor o menor grado. El resultado de limitar la autonomía es la igualdad, obtenida a costa de la opresión, de inhibir la creatividad, confiscar los frutos del esfuerzo, rasar hacia abajo.
 
El reparto dura muy poco. Solo trae un falso bienestar transitorio cuando roba a los que tienen algo, roba las pensiones, roba las propiedades o todo lo que puedan, pero dura demasiado poco, porque se acaba rápido.
 
Entonces viene la pregunta, sabiendo que pasará eso, y habiendo visto las experiencias de cuba, venezuela y otros países ¿por qué se insiste en aplicar esos modelos?
 
Porque a la extrema izquierda no le interesa el bienestar de la masa. Solo le interesa tener el poder, beneficiar a su oligarquía y a los que les ayudarán a sostenerse en el poder. Fidel Castro, Lenín y los ideólogos lo repetían, hay que empobrecer al pueblo para mantenerlo sometido. Maduro lo lleva a la práctica.
 
Con todas las imperfecciones que pueda tener la economía de mercado, y tal vez con la envidia que nos pueda despertar que otros consigan mejores resultados que uno mismo, ese modelo de libertad es el que menos pobreza produce, menos infelicidad, mejor salud, mayor desarrollo de la creatividad, mayor crecimiento y con la libertad de hacer y opinar de todo, porque es libre para que convivan personas diferentes, en todo momento.
 
Hay que defender la libertad.
 
La asamblea constituyente amenaza a la libertad porque cuenta con muchos manipuladores políticos de extrema izquierda que se han preparado minuciosamente para darnos el gran golpe.
 
 
 
VOTO RECHAZO PORQUE QUIERO QUE MI PAÍS CREZCA
 
QUIERO REFORMAS NO REVOLUCIÓN